¿Qué nos diferencia?
Agosto 08, 2025Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios. Romanos 2:28-29
Hace algún tiempo, leí un artículo sobre un fotógrafo que se dedicaba a retratar personas en la calle, con el propósito muy particular de encontrar coincidencias en su forma de vestir. Lo sorprendente es que logró capturar imágenes de muchas personas que vestían exactamente igual, incluso en un mismo día y lugar. Su trabajo evidencia que no siempre somos tan diferentes como creemos, al menos en lo que respecta a la apariencia.
Esto me lleva a reflexionar sobre la siguiente pregunta:
¿Qué es lo que realmente nos diferencia? ¿Qué es lo que verdaderamente nos distingue?
Si lo que nos diferencia es solo lo externo, entonces lo que nos diferencia es lo superficial. Es decir, aquello que se puede adornar o disfrazar de múltiples formas.
El apóstol Pablo dice en Romanos 2:28-29 que lo exterior no hace a nadie judío, ni la circuncisión consiste en una señal en el cuerpo. El verdadero judío —según Dios— lo es interiormente, y la verdadera circuncisión es la del corazón, realizada por el Espíritu, no por la ley escrita. A quien es así, lo alaba Dios y no la gente.
Aunque Pablo se refería a los judíos, este principio también se aplica a los cristianos. Lo que distingue a un creyente, a un hijo de Dios, no debe ser su apariencia, sino lo que lleva en el corazón: su actitud, su fe y su identidad. Hay muchas personas que se llaman cristianas, pero en muchos casos lamentablemente es solo un título más. La palabra cristiano ha perdido su esencia y ya no representa lo que debería ser. En los comienzos de la Iglesia, ser cristiano no era solo un nombre, sino una expresión de identidad y compromiso. Un cristiano era —y debe ser— en esencia, un seguidor de Cristo. Y un seguidor de Cristo debe reflejar a Cristo en sus acciones. Si esto no es así, somos solo meros profesantes de la fe.
“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran…”
Mateo 15:8-9
Jesús dice: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Juan 14:9). Él reflejaba perfectamente al Padre. Y esa también es nuestra misión: hacer la diferencia reflejando al que nos llamó, a Jesús. No se trata de cómo te ves por fuera, sino de cómo vives. Reflejamos a Jesús en nuestras actitudes, en cómo tratamos a los demás, en nuestra integridad, en el amor, en el respeto y en nuestras decisiones diarias.
Cualquiera puede adoptar una apariencia externa. Cualquiera puede seguir una moda o un estilo. Pero no todos reflejan a Jesús.
Lo que te distingue es lo que llevas dentro, no lo que está afuera.
Jesús lo explicó claramente:
«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos»
Mateo 5:16
«Por sus frutos los conoceréis»
Mateo 7:16
La verdadera diferencia no la hace tu ropa, ni tu peinado, ni tus accesorios. La verdadera diferencia la hace lo que llevas en tu corazón.
«De la abundancia del corazón habla la boca… el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno»
Lucas 6:45
No dejes de compartir tus comentarios 💬abajo ⬇️ y comparte esta entrada.