Tu rostro buscaré, Señor
Agosto 12, 2025Introducción
Hay algo en lo que creo que todos los cristianos estamos de acuerdo: necesitamos buscar a Dios.
La Biblia lo repite muchas veces, y no solo como un consejo, sino como una prioridad.
Pero me pregunto: ¿qué significa realmente “buscar a Dios”?
¿Será que implica aislarnos en un monasterio, lejos de todo, dedicándonos solo a orar y meditar? No lo creo.
¿O será que Dios está perdido y tenemos que salir a encontrarlo? Por supuesto que no. Dios es omnipresente y siempre está cerca.
Buscar a Dios es otra cosa. Es más profundo. Hoy quiero que pensemos, reflexionemos y aprendamos a vivir como buscadores de Dios.
Cuando solo buscamos en tiempos difíciles
He notado que a veces muchos se acuerdan de buscar a Dios solo cuando llegan los tiempos malos: una mala noticia, una crisis, un momento de dolor. Como si nuestra relación con Dios se activara solo bajo ciertas circunstancias.
Es como la gente que se prepara solo cuando se anuncia un huracán: corre, compra lo necesario, asegura todo… pero el resto del año, nada.
Si fuera así… ¿Qué hemos estado buscando el resto del tiempo?
Por eso, aquí va mi primer punto: buscar a Dios no es algo de emergencia; es el estilo de vida del creyente.
1. Buscar a Dios es un estilo de vida
Jesús lo dijo con claridad:
“Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” (Mateo 6:33, NVI)
Pablo lo reafirma:
“Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios.” (Colosenses 3:1, NVI)
2. ¿Qué significa buscar a Dios?
Cuando la Biblia habla de buscar a Dios, no se refiere a encontrar a alguien ausente, sino a tener un deseo profundo de conexión con Él.
Es un anhelo de su presencia, una comunión más íntima.
El salmista lo dijo así:
“El corazón me dice: ‘¡Busca su rostro!’ Y yo, Señor, tu rostro busco.” (Salmo 27:8, NVI)
Ese “buscar su rostro” es querer disfrutar de su gloria, ser objeto de su amor y gracia, y vivir de manera que ese deseo se vea en nuestras acciones: “Tu rostro buscaré, Señor”.
3. Rasgos de un buscador de Dios
a) Desea una relación íntima
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Tiene sed de Dios (Salmo 42:2).
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No se conforma con conocer datos de Dios, sino que quiere experimentarlo.
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No busca solo las bendiciones, sino al Dador mismo (Marcos 12:30).
¿Cómo se logra?
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Con la Biblia: es la revelación más clara de quién es Él.
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Con la oración: el diálogo donde abrimos el corazón y fortalecemos la relación.
b) Busca su voluntad
No quiere imponer sus propios planes, sino entender y vivir lo que Dios quiere.
c) Lo hace con todo el corazón
“Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón.” (Jeremías 29:13)
No es una búsqueda superficial ni interesada, sino auténtica y apasionada.
d) Deja atrás el pecado
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Isaías 55:6–7 nos llama a abandonar el mal camino.
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Hebreos 12:1 nos recuerda quitar todo lo que estorba.
e) Obedece la Palabra
El que busca a Dios alinea su vida con la Escritura. Lo ama y por eso quiere agradarle.
Cierre
Buscar a Dios cada día es conocerlo más. No es opcional. No requiere un retiro en un lugar lejano: Dios está tan cerca como tu corazón.
Es una orientación de la vida, un movimiento del alma, una disposición a obedecer. Va más allá de asistir a la iglesia o participar en actividades religiosas: es poner a Dios en primer lugar y vivir bajo su autoridad, en dependencia de Él y en comunión constante.
Que podamos decir, como el salmista:
“El corazón me dice: ‘¡Busca su rostro!’ Y yo, Señor, tu rostro busco.” (Salmo 27:8)
Porque como dice el Salmo 73:28 (RVR 2020):
“Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien.
He puesto en el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras.”
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